Casos legales/Artículos – La iniciación de conversaciones tiene sus consecuencias
La iniciación de conversaciones tiene sus consecuencias
Por Jaime E. Suárez
En el caso histórico de Miranda contra Arizona1, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declaró que “el derecho a tener un abogado presente durante un interrogatorio es indispensable para la protección del privilegio según la Quinta Enmienda”.2 Según Miranda, “[s]i el individuo manifiesta su deseo de tener un abogado, el interrogatorio debe suspenderse hasta que el abogado esté presente”.3
Además, en Edwards contra Arizona4, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos determinó que una vez que un sospechoso invoca su derecho a un abogado, no estará sujeto a que la policía siga con el interrogatorio “hasta que tenga un abogado a su disposición, a menos que el acusado inicie por sí mismo cualquier comunicación, intercambios o conversaciones adicionales con la policía”.5
Oregon contra Bradshaw
En el caso del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Oregon contra Bradshaw6, se amplió la explicación de la decisión Edwards. En ese caso7, James Edward Bradshaw fue arrestado y se le leyeron sus derechos según el fallo de Miranda. En ese momento, Bradshaw informó a los agentes de la policía que deseaba hablar con un abogado. Los agentes de la policía terminaron de inmediato la conversación.
En el camino hacia la cárcel del condado, Bradshaw le preguntó a uno de los agentes, “bueno, ¿qué va a pasar ahora conmigo?” El agente de la policía le respondió, “No tiene que hablarme. Usted solicitó un abogado y no quiero que me hable a menos que así lo desee ya que todo lo que diga, porque, dado que solicitó un abogado, usted sabe, tiene que ser por voluntad propia". Bradshaw dijo que había entendido. Como resultado de la conversación que siguió, Bradshaw accedió a someterse a la prueba del detector de mentiras y luego confesó. El Tribunal concluyó:
No hay duda en este caso de que al preguntar, “bueno, ¿qué va a pasar ahora conmigo?”, el demandado “inició” una conversación adicional en el sentido habitual de dicha palabra en el diccionario. Aunque dudamos que sería deseable construir una superestructura de refinamientos legales en torno a la palabra “iniciar” en este contexto, hay situaciones indudablemente en las que una simple pregunta por parte del acusado o del agente de la policía no se debería considerar como "iniciación" de una conversación o diálogo. Hay algunas preguntas, como pedir un vaso de agua o solicitar el uso del teléfono que son de tal rutina que no puede decirse justamente que representen un deseo por parte del acusado de comenzar una discusión más generalizada relacionada directa o indirectamente con la investigación. Tales solicitudes o afirmaciones, ya sean por parte del acusado o de un agente de la policía, relacionadas con incidentes de rutina de la relación de custodia, no “iniciarán”, por lo general, una conversación en el sentido con que esa palabra se utilizó en Edwards.
Aunque ambigua, la pregunta del acusado en este caso sobre qué le iba a suceder mostró su disposición y deseo de tener una conversación más generalizada sobre la investigación; no fue simplemente una pregunta necesaria que surgiera de los incidentes de la relación de custodia. Los agentes de la policía pudieron haber interpretado razonablemente que tenía relación en general con la investigación. Es obvio que así lo entendió el agente de la policía por el hecho de que le recordó inmediatamente al acusado que “[n]o tiene que hablarme”, y solamente después de que el acusado le dijo que “entendió”, tuvieron una investigación generalizada. De acuerdo con estos hechos, creemos que no se infringió la regla de Edwards.8
El Tribunal Supremo de los Estados Unidos reconoció entonces que el tribunal de primera instancia del estado “determinó que la policía no realizó amenazas, promesas ni persuasión alguna para que hablara, que [Bradshaw] fue informado adecuadamente de sus derechos, que los entendió y que poco tiempo después de haber solicitado un abogado cambió de parecer sin que la policía hiciera nada inapropiado”.9 El Tribunal Supremo convino entonces con el tribunal de primera instancia que las declaraciones de Bradshaw fueron voluntarias y el resultado de una renuncia a sabiendas a su derecho a permanecer callado.10
Casos de Florida
Francis contra State
El Tribunal Supremo de Florida trató una situación similar en Francis contra State.11 En ese caso,12 Carlton Francis fue arrestado y llevado al departamento de policía donde se le informaron como corresponde las advertencias de Miranda. Aunque Francis se negó a firmar la tarjeta de renuncia a sus derechos, accedió a hablar con la policía. Luego de hablar con los detectives por un lapso de tiempo muy corto, Francis invocó su derecho a un abogado. El interrogatorio fue suspendido de inmediato, y la policía salió de la sala. Este interrogatorio duró aproximadamente de diez a quince minutos.
Aunque los detectives habían terminado toda conversación con él, Francis permaneció en la sala de interrogatorios mientras la policía completaba trabajo adicional sobre el caso. Cerca de tres y media horas más tarde, Francis tocó la puerta de la sala de interrogatorios para llamar a la policía. En ese momento, Francis les dijo a los detectives que quería hablar nuevamente con los agentes de la policía. Los detectives le informaron a Francis que debido a que había solicitado un abogado, no podían seguir hablando con él. Sin embargo, Francis indicó que quería hablar con los detectives sobre el caso y que ya no quería un abogado. Durante la apelación, el Tribunal Supremo de Florida determinó que las declaraciones que hiciera Francis posteriormente, sin la presencia de un abogado, eran admisibles.13
Ahedo contra State
En un caso similar14, el departamento de policía de Tampa arrestó a Joseph Ahedo por portar un arma de fuego escondida. Pasados cerca de treinta minutos del arresto, un agente de la policía le informó a Ahedo sobre las advertencias de Miranda. Ahedo indicó que había entendido sus derechos según el fallo de Miranda, e invocó su derecho a permanecer callado y manifestó que deseaba hablar primero con un abogado. Después de que Ahedo invocó sus derechos, los agentes de la policía no intentaron interrogarle más, excepto con preguntas tales como su nombre, altura y peso.
Otro agente de la policía colocó a Ahedo en una celda de espera mientras que los agentes completaban su documentación y se preparaban para transportarlo a la cárcel. Entre una hora y media a dos horas después de su arresto, Ahedo dijo al agente de la policía que quería hablar con el agente de policía inicial que le había informado sobre las advertencias de Miranda.
En vista de que Ahedo quería hablar con él “sobre lo que estaba pasando”, el agente de policía inicial se reunió con Ahedo.15 Ahedo indicó que quería hablar con él sobre los cargos. A Ahedo no se le releyeron las advertencias de Miranda.16 Ahedo dio luego su declaración, en la que admitió el delito. Durante este tiempo, Ahedo nunca pidió un abogado.17
En la apelación, Ahedo alegó que su solicitud de hablar con el agente de policía inicial sobre “lo que estaba pasando” no fue una invitación a conversar sobre la investigación y, aunque lo fuera, que el Estado no le mostró una renuncia a sabiendas e inteligente de los derechos que Ahedo afirmó previamente. En esta decisión, el Tribunal de Apelaciones del Segundo Distrito de Florida declaró que la solicitud de Ahedo de hablar con el agente que inicialmente le había informado sobre sus derechos sustentaba la noción de que Ahedo estaba completamente consciente de sus derechos.18
Conclusión
Los individuos tienen derecho a tener un abogado presente durante un interrogatorio, esto sirve como protección al privilegio de la Quinta Enmienda. Sin embargo, esto no sucede automáticamente. Un individuo debe indicar que desea un abogado. De acuerdo con el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, cualquier interrogatorio debe entonces suspenderse hasta que esté presente un abogado. Sin embargo, los interrogatorios sin la presencia de un abogado pueden comenzar cuando un individuo inicia la comunicación, intercambios o conversaciones adicionales con la policía.
1 Ver Miranda v. Arizona, 384 U.S. 436, 86 S.Ct. 1602, 16 L.Ed.2d 694 (1966)
2 Ver Miranda v. Arizona, supra, 384 U.S. página 469, 86 S.Ct., página 1625.
3 Miranda v. Arizona, supra, 384 U.S. página 474, 86 S.Ct., página 1628 (énfasis añadido).
4 Ver Edwards v. Arizona, 451 U.S. 477 (1981).
5 Edwards, 451 U.S. páginas 484-485.
6 Ver Oregon v. Bradshaw, 462 U.S. 1039 (1983).
7 La descripción de hechos se toma de Oregon v. Bradshaw, 462 U.S. 1039, 1041-1042 (1983).
8 Íd. páginas 1045-46, 103 S.Ct. 2830 (opinión pluralista) (citas omitidas) (énfasis añadido).
9 Íd. página 1046.
10 Íd. (cita omitida).
11 Ver Francis v. State, 808 So.2d 110 (Fla.2001).
12 La descripción de hechos se toma de Francis v. State, 808 So.2d 110 (Fla.2001).
13 Ver Francis, supra, 808 So.2d páginas 125-128.
14 Ver Ahedo v. State, 842 So.2d 868 (Fla. 2d DCA 2003). La descripción de hechos se toma de Ahedo v. State, 842 So.2d páginas 869-870.
15 Ver Ahedo v. State, supra, 842 So.2d página 870.
16 Ver Íd.
17 Ver Íd.
18 Ver Ahedo v. State, supra, 842 So.2d página 871.
Jaime E. Suarez © 2007. All rights reserved.